Relato: La victima.

A mi querida y admirada amiga Isabel
Carrión, por todo lo que parece que es
y luego no, por los buenos y malos
momentos que hemos vivido juntas
y nuestros proyectos.

 



Los alocados latidos de su corazón ensordecían a sus apocados pensamientos. Estos, luchaban entre el caos más absoluto con tal de hallar una solución a semejante problema que caía sobre sus hombros. Intentaba encontrar una vía de escape. Sus esfuerzos eran en vano. No podía.

Herido como estaba, saliendo del estado de sedación por completo y con el cuerpo bañado en sangre, orín y dolor, intentaba recordar cómo había llegado a este extremo tan opuesto.

Cuando pudo lograr mover su cuerpo algo más, se incorporó un poco. Lo justo para contemplar a su compañera de tortura, experimentos y horror. Yacía sin cadenas sobre el suelo que ambos usaban para dormir. Gateó como pudo hasta ella al ver que no reaccionaba a su llamada de auxilio. Al voltearla y notar su frialdad eterna, rompió en un desgarrador grito que le crujió el alma y le partió el pecho. Ya no controlaba la situación. Y, lo peor de todo, conocía su destino: la muerte. Quedaba bien claro en el silencioso mensaje que le dejaba el cadáver. Se aferró lo máximo que los grilletes le permitieron al cuerpo sin vida de Joana. Se aferró, sobre todo, a la vida que poco a poco se le escapaba de las manos. Vida que ya se le había escapado a ella.

Entre el llanto partido y el miedo que le invadía, no escuchó los pasos que lentamente se encaminaban hacia la puerta. Al abrirse, levantó la cabeza. Allí, en el quirófano abandonado, aparecía la víctima que fuera inicial, aquella con la que empezó todo lo que ahora sentía en sus propias carnes abiertas y cerradas, mal cosidas, rajadas, infectadas… La miró allá donde debería haber unos hermosos ojos azules, allá donde solo encontraba el enrojecimiento del dolor en uno y el hueco sin vida en el otro. En su respiración notaba que se le acababa lentamente el tiempo. Lo sabía de buena mano porque él era médico.
Mientras esta se acercaba con paso desgarbado, se atrevió a pedirle clemencia. Clemencia que durante años no le tuvo.

-Tu turno… -susurró a media y rota voz, acercando su rostro al de este y con una aguja entre los tres dedos que le quedaban en una de sus manos.

Él no pudo defenderse. Las cadenas no se lo permitieron…

Tres meses más tarde, unos niños que jugaban en los alrededores de un viejo edificio abandonado, encontraron abierta la cancela y el horror de la masacre. El forense se enfrentó a tres cadáveres descompuestos y expuestos a mutilaciones, experimentos y curas con el fin de encontrar la solución a diversas enfermedades. Dos de ellos, los que murieron días antes, con torturas recientes. El último en morir… con cirugías de todo tipo y con más de tres años.

El departamento de policía y el inspector que llevaba el caso lo acabaron resolviendo al poco tiempo de revelar sus identidades y oficios. Un médico, una enfermera y una joven universitaria desaparecida y dada por muerta hacía ya años.

El juez dio por cerrado el caso dictaminando con su veredicto que la víctima logró escapar de sus captores para finalmente convertirse en su verdugo.


María del Pino.

 

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Aviso legal: Tanto este relato como gran parte del contenido de este blog se encuentra protegido por el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual.

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Autor: mariadelpinoblog

Escritora, ilustradora, ex-locutora de radio, guionista y actualmente directora en el mundo audiovisual con una película en montaje y varios cortometrajes a punto de salir del horno.

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