El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo 6)

Capítulo VI
-Febrero 2015-

Después de tanto tiempo, de tanto entrenamiento, por fin ha llegado la hora. Llevo mucho, mucho, mucho, esperando este momento. Tengo veinticinco años y mi salud está al cien por cien. Me peso en la báscula. 61’200 kilos. Me deslío la toalla. Ahora sí. Estoy en forma.
Ha pasado año y pico desde aquel fatídico día, encontrándonos así en febrero. No hay noche que no haya soñado, o sueñe aún, con esos malditos. Incluso, a veces, me parece ver a uno de ellos cuando despierto o camino por las calles. Es como si me persiguiese. Ese es como una nociva lapa imposible de borrar. Parece tan real, que creo que observa cada movimiento que hago o dejo de hacer.
He venido del gimnasio hace no más de una hora y me encuentro con ganas de ir otra vez. El deporte ahora corre por mis venas. A la vez que me despeja la mente, me hace estar más cerca de Javi, de mi ansiada venganza. Sé que para enfrentarme a esos tipos debo ser fuerte.
Me visto y agarro las maletas. Ya es hora de que vuelva a casa. A mi hogar. Hoy será un día duro, pero eso me hará más resistente. Me reafirmará a mí misma mis propias creencias.
Una vez que mi padre me ha dejado en el portal, se ofrece a acompañarme hasta arriba. Niego mientras saca mis maletas. Le doy un beso y justifico el querer ir sola alegando que he de enfrentarme a ello a mi manera.
Una vez en el portal, el hombre de la bodeguilla que hay debajo de donde vivo viene a saludarme muy contento. Animado, se interesa en saber si me fui de vacaciones o me mudé. Le contesto que no, que he estado recuperándome de un accidente. Sorprendido, expone que se alegra de verme bien, que vengo incluso más guapa. Sobrentiendo que no vio las noticias en su momento, ya que parece que mi caso cayó en el olvido…
Cuando inocentemente y con toda su buena fe pregunta por cómo le va a Javi, mi padre nos mira, precavido.
–Chema… Mi novio, por desgracia, hace año y algo que no se encuentra entre nosotros. Prefiero no hablar de ello, por favor… –trago saliva. Es la primera vez que se lo digo en voz alta a alguien.
–Lo siento… No lo sabía. Ha debido de ser duro –al hombre le cambia el gesto. Entiendo que tenga preguntas, pero no puedo responderlas. No me apetece.
–Demasiado…
Subo las maletas hasta la cuarta planta. Una vez allí, saco las llaves. Trato de abrir la puerta, pero las manos comienzan a convulsionar sin permiso. Una lágrima intenta salir, pero la retengo con estoicismo. Llevo sin derramar una sola gota desde aquella noche que juré no hacerlo y así seguiré hasta que cumpla mi cometido.
Me calmo, respiro hondo y al fin la abro. Nada más hacerlo, un extremo hedor impacta sobre mí. Se me retuercen las entrañas y me ahogo en silencio. Incluso siento ganas de vomitar. Lo peor de todo, no es que emane un fuerte olor a cerrado. No. Ni siquiera podría llamarse en realidad “hedor” porque huele de maravilla. Increíble. Su colonia perdura entre estas cuatro paredes como si se la hubiese echado hace pocas horas atrás, mareándome, devolviéndome recuerdos que he querido clausurar en mi corazón. Corazón ahora armado con una coraza.
Vacilo a la hora de entrar, pero finalmente lo hago. He de hacerlo. Avanzo sin mirar nada hasta la persiana del salón. La subo por completo y abro las ventanas para que entre aire. El polvo de las cortinas me ataca. Toso como una alérgica.
Me giro y tambaleo. La imagen de Javi, frente a mí, se ve traslúcida debido a la capa de polvo que la cubre. Ando hacia la pared de enfrente y, con las manos, comienzo a limpiar su rostro.
–No dejaré que nada, ni nadie, ose ensuciarte nunca más… –trato de sonreírle.
Suspiro. Esta casa necesita una buena limpieza a fondo. Además, para poder seguir con mi plan, debo quitar las fotos de Javi. Solo consiguen debilitarme. También he de encontrar un lugar para el anillo.
Abro mi habitación y cierro los ojos. La sábana aún permanece revuelta después de nuestro último encuentro. A pesar de hacerme la dura exteriormente, por dentro muero recordándolo. Doy un paso y aplasto algo que cruje. Levanto el pie. Hay un pequeño portafotos con el cristal partido. Seguramente sea debido a mi peso. Lo agarro y compruebo que está más limpio que el resto de objetos. Además, falta la foto. Mi foto. Extrañada, me pregunto quién habrá entrado aquí. Quizás haya sido alguno de mis padres…

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El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo 5)

Capítulo V

Dos meses después, pasando año nuevo y en vísperas del día de los enamorados, la insipidez de mi interior me embarga, haciéndome más fría. Al menos, físicamente estoy mejor. Peso cincuenta y ocho kilos y espero llegar a los sesenta muy pronto. Para ello, debo apuntarme a un gimnasio y recuperar las formas de mi cuerpo. Aquellas que tenía unos años atrás.
Todavía no he pisado la calle, así que estoy un poco nerviosa. Mi padre, Alberto, me llevará en coche al gimnasio. Después, a mi antiguo trabajo para que me den de alta la semana que viene y volver a mis asuntos laborales. He de reconocer, que tengo mucha suerte. No a todas las personas las esperan con tantas ganas como a mí.
Me observo frente al espejo con cara de asco. Casi no me reconozco. Tengo el pelo más largo de lo usual. Iré a cortármelo pronto. Abro un poco más la persiana y vuelvo a contemplarme. Las ojeras se han reducido, volviendo a dejar que destaque el verde de mis ojos, y al fin he rellenado las líneas esqueléticas que denotaban mi extrema delgadez. Mi pelo, negro y liso, hace que parezca más blanca que de costumbre. Pero… ¿qué puedo esperar si no me ha dado el sol en estos meses?
La ropa me está un poco ajustada. Menos mal que me la compraba grande. No me veo gorda, pero debo ponerme en forma y ganar esos dos kilos en músculo. Cuando al fin me encuentre físicamente en condiciones, empezaré la investigación a fondo. Debo llevar a cabo mi venganza. Van a morir todos esos seres.
–Érica, ¿se puede? –mi madre toca la puerta.
–Sí.
Entra alegre. A pesar de mi patente tristeza, me ve más recuperada. Y recuperada estoy porque tengo un objetivo: acabar con los que destruyeron mi vida… No pararé. No me detendré hasta exterminar al último.
–Érica, ¿estás lista? –me zarandea mi madre.
Afirmo.
Bajamos las escaleras despacio, con tranquilidad. Al llegar a la puerta, mi madre sonríe con alegría. La abre y la luz me ciega. El sol impacta sobre mi piel y, por unos segundos, me molesta. Después, poco a poco me va reconfortando. Doy el primer paso fuera de casa, indecisa. Mi padre se halla enfrente, con el coche en marcha. Su rostro muestra un leve amago de felicidad. Yo, en cambio, me trago un nudo. Esto podría haber sido mi boda y no lo que es. Suspiro. No debo ser débil.
Una vez montada en el coche, ponemos rumbo al Brillante, donde está el gimnasio Club Gym Sierra. Me abstraigo con la gente de la calle. Parecen felices. «¿Habrá alguno en mi misma situación?».
Después de apuntarme al gimnasio, vamos a la agencia CORDOBANOSTRA, empresa turística en pleno apogeo de expansión y lugar donde llevo trabajando todo este tiempo atrás. En la mismísima puerta, Francisca Pozo, la jefa, me recibe con un enorme chaquetón, un abrazo y las lágrimas saltadas. Se alegra mucho de verme después del incidente. Tras interesarse por mi salud, me propone empezar con algo más simple. Acepto. Lo que me ponga, bueno será. Aquí me tratan demasiado bien. Según ellos, soy su mejor trabajadora y hay que cuidar lo bueno.
Me despido de ella. Hemos quedado en que me enviará un correo e-mail con el nuevo horario y la nueva labor, ya que quieren abrir una ruta por la ciudad.
Al llegar a mi casa, me tumbo en la cama. No he hecho nada, pero estoy exhausta. Necesito entrenar.

 

 

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El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo 4)

Capítulo IV

Han transcurrido tres meses desde aquel fatídico suceso. Durante ese maldito tiempo, comprobé que no estaba embarazada. Además, asistí, desgraciadamente, a dos funerales. El de Javi, y el de su madre. La pobre mujer murió de pena la semana pasada. Y sabía que, a este ritmo, no tardaría mucho en celebrarse otro. El mío. He adelgazado siete kilos y apenas logro mantenerme en pie. Me dieron de baja en el trabajo y me mudé con mis padres al barrio El Naranjo hasta recuperarme físicamente, ya que psicológicamente jamás cerraré esta herida.
En el momento en el que me llevaron a mi casa a recoger algunas cosas, no pude entrar. Demasiados eran los recuerdos que encerraban esas cuatro paredes. Excesivos, también, los sentimientos que desprendían los objetos, el sillón, la cama…
Mientras pienso que mi vida no tiene sentido y que sigo en ella por no destruirles completamente a mis padres la suya, llaman a la puerta.
–Érica, ha venido Lucía a verte –me informa mi madre.
–Vale –respondo sin alegría.
Mi amiga entra, vivaracha, en la lúgubre habitación de ogros en la que se ha convertido este lugar. Sé que pretende levantarme el ánimo, pero no puedo sonreír si ya no tengo a Javi a mi lado.
–Tía, ¡mira lo que traigo para que vuelvas a tu peso! ¡Tú helado favorito! –exclama sacándolo de la bolsa.
Me pongo a sollozar y me abraza. Sé que no lo ha hecho con mala intención, pero, siempre que estaba deprimida, Javi venía después de cenar con nuestro helado favorito y nos poníamos ciegos esa noche. Se lo cuento y me pide perdón.
Insiste en que coma y ahogue mis penas, que a este ritmo me moriré por mi extrema delgadez. Por más que intenta alegrarme con otras palabras más amables y comprensivas, no lo logra y mi sufrimiento aumenta. Probarlo es incluso peor, ya que, por unos efímeros instantes, creo verlo frente a mí, sonriéndome y alegando que todo va a ir bien. Necesito su abrazo.
–Érica, no es que te diga que te olvides de él… –me quita la cuchara de la mano–, pero debes hacer borrón y cuenta nueva.
–No puedo borrarlo. ¡No quiero! –balbuceo.
–Amiga, no te pido que lo borres a él, pero escribe un nuevo libro. Redacta una nueva historia. Eres joven. Tienes veinticuatro años y un currículum impresionante para tu edad. Trabajabas de guía y te sacabas la carrera simultáneamente. Hablas ocho idiomas, eres bella, inteligente… ¡No seas egoísta con los demás seres vivos! Déjanos disfrutar de ti, de la mujer que eras hace tres meses… –se le saltan las lágrimas–. Sé que lo que te voy a pedir no es razonable, pero ayúdanos a sacarte del hoyo. Tu madre sufre, tu padre está incluso más encerrado en su mundo y tu abuela es ya mayor para estos disgustos. Además, tus amigos… te echamos de menos. Todos preguntan cada día por ti… Solo me dejas verte a mí…
–Te quiero… –es lo único que soy capaz de decirle.
–Y yo a ti…
La tarde concluye con un abrazo que dura la eternidad.
Lucía es mi mejor amiga. Contraerá matrimonio en casi dos años. Recordarlo me hace mal. Muy mal. Miro el anillo instintivamente. No quiero pensar en Javi, pero ya es tarde. La cara de ella se mezcla con la de él.
De todo el que me ha preguntado por el qué ocurrió, a la única que se lo he contado ha sido a ella. Y para que no me tomase por una tarada, omití la parte fantástica de mi historia de terror. Aunque no lo comprendió, es la única que me creyó. Incluso buscó una explicación coherente y expuso que, quizás, fuese cosa del FBI. Escuchar esa tontería casi logra medio arrancarme una sonrisa. Le dije que era imposible, que en España no había tal cosa. Tras unos minutos de pausa, rectificó, alegando que, entonces, debía de haber sido una “misión encubierta”, o como se llamase, a cargo de la policía secreta o la nacional. Acabó afirmando la teoría de que, tal vez, este engaño fuese debido a la búsqueda de algunos peligrosos asesinos buscados por el gobierno, o de algo importante para el país. Inventando todo esto y aprovechando la muerte de una de sus víctimas, no revelarían lo que en realidad ocurrió. Mi amiga y su imaginación… Me reiría de ella si no fuese porque incluso eso sería más creíble que lo que en realidad ocurrió.

Ha llegado la hora de la cena. Como siempre, no tengo hambre. Sin embargo, por petición de Lucía –que me lo rogó antes de marcharse– y por la realidad de sus palabras con respecto a mi salud, bajo a comer con mis padres y abuela, la cual llegó antes de la partida de mi amiga. Todos se muestran bastante sorprendidos ante mi repentina decisión de permanecer con ellos. Parecen algo más contentos. Incluso mi padre.
–No sabes lo mucho que me alegra que hayas bajado –sonríe mi abuela Paloma.
–Ha sido gracias a Lucía –comenta mi madre.
–Qué buena niña es…
–Un sol. Viene cada vez que puede a ver a Érica y le trae siempre cualquier cosa. Un osito, un dulce, una sopa, un helado… Es un primor… –informa–. Para su cumpleaños se quedó hasta a dormir con ella.
–Sí. Tenemos suerte de que Érica tenga una amiga así –asiente mi padre con decisión–. Ella me parece una buena junta.
La velada transcurre sin muchas palabras. Saben que cualquier cosa que digan es capaz de recordarme a él. Lo que sí rememora la abuela es al abuelo. Aunque murió, su recuerdo siempre nos hace sentir bien. Era un hombre extremadamente alegre. No sé cómo, pero acaba saliendo a relucir por qué me llamó Érica. Hasta este momento, desconocía que él fuese el que me lo pusiera en honor a un antiquísimo amigo suyo. Era tan antiguo que, según la abuela, su amistad se remonta a su juventud. En seguida imagino que ese señor habrá fallecido porque nunca he tenido el honor de conocerlo.
Mi padre no quiere seguir más con el tema del nombre, ni recordar esa historia del mejor amigo del abuelo. Por su incomodidad, deduzco que no le agrada hablar más sobre el tema. La abuela se pregunta si aún vivirá, ya que nunca lo llegó a ver de cerca. Solamente lo vio de lejos una vez y fue en su boda, al salir de la iglesia. Al parecer, este también los visitó una vez cuando yo aún era bebé, pero no lo conoció nadie porque no estaban en casa. Eso me crea la duda de si estará muerto o no.
He cenado poco, pero algo más que de costumbre. Yo misma me he obligado a ello. Volviendo a mi habitación, miro a la escalera y recuerdo a los seres queridos que formaban parte de esta familia y ya no están. Esos no son otros que el abuelo y mi hermano. Incluso en ese recuerdo, ya aparece Javi. Nuestros padres eran amigos y de ahí nuestro encuentro.
Al subir, me acuerdo de que tengo un video muy viejo de aquella época. Entro a mi habitación y lo busco. Cuando al fin lo hallo, con ansia y las manos temblando, lo pongo en mi televisión y subo la voz. Lo paso rápido hasta el sexto cumpleaños de mi hermano. Al verlo, detengo la imagen. Nunca podré entender cómo un niño tan ambicioso y lleno de vida nos dejó una carta de suicidio. Con tan solo veintiséis años, desapareció unos meses y echó a perder su vida. Cuando al fin volvió, ya no era el mismo. Parecía que el tiempo se había detenido a su alrededor. Incluso para mi padre y abuelo. Estos comenzaron a chocar demasiado. Reñían entre ellos y contra mi hermano. El carácter de esta familia se agrió entre los hombres hasta que un buen día, José –mi hermano– volvió a desaparecer, dejando una nota en la que comunicaba su inminente suicidio. Describió el sitio exacto donde ocurriría. Incluso la gente lo vio saltar desde un acantilado en Ibiza. Fue algo traumático para los varones de esta casa. Mi abuelo y su hijo se trataron fatal tras su muerte. Incluso dejaron de hablarse durante unos meses. Parecía que el segundo le echaba la culpa al primero de la muerte de mi hermano. Fue algo doloroso para todos. Por suerte, la reconciliación entre ellos fue lo único que nos unió más.
Así fue como mi padre dejó de ser un hombre comunicativo y alegre. A los dos años de su suicidio, murió el abuelo de un infarto cuando visitaba un pueblo sevillano –eso ya provocó que mi padre se hiciese más frío–. Y para seguir con las tragedias familiares de dos en dos años, hace casi otro par de su pérdida y ahora… Javi…
Parece que no me quieren dejar respirar. Esto es una maldición.
Se me escapa una lágrima. Para evitar pensar más, continúo viendo el video. Después de contemplar a José correteando un poco, salgo yo dentro del cochecito de bebé. Le doy al avance rápido y se ve cómo llega un hombre joven. Abraza a mi abuelo y van a la cocina. Apenas se distingue porque el video nos enfoca a los niños. Solo se aprecian sus piernas y andares. Después, llega de la calle mi madre con los padres de Javi. Aparece mi abuelo de nuevo. Solo. No sé por dónde habrá salido ese individuo.
Vuelvo a poner la velocidad normal. Ahora aparece una imagen enternecedora. Javi, con unos cuatro años –ya que era unos dos más pequeño que mi hermano– se apoya en el carrito y me da el chupete. Como apenas llega a verme, José le ayuda. Sonrío brevemente al verlos con seis y cuatro años, y a mí con unos meses.
El video continúa conmigo más mayor –con unos tres años–, pero, como ya no sale mi amado, prefiero no seguir mirando. Lloro, sin saber qué he de hacer con mi vida. Unos seres extraños me lo han arrebatado.
Tumbo lo que queda de mi persona en la cama, recordando la imagen de Javi haciéndome carantoñas en el carrito. Se me quiebra el alma, pese a no saber cómo diantres se puede resquebrajar algo ya roto, un corazón destruido.
Me duermo sin darme cuenta. Entre sueños, viene a mi mente la cara del francés preguntándome por mi abuelo. Es despreciable. Luego, una vez más, vuelvo a vislumbrar a Javi en el suelo con el otro tío encima. Le grito, pero me frena el rubio. De pronto, me envuelve el humo negruzco de aquel día y aparece la cara de mi novio con colmillos y ojos negros. Viene a matarme.
Doy un respingo y me despierto. Momentáneamente, me ha parecido ver frente a mi cama a aquel endiablado ser. Aquél que caminaba hacia mí antes de aparecer en el hospital. Tengo el corazón acelerado y el pulso desenfrenado. Tanto, que si sigue así me dará un paro cardíaco.
Me levanto y enciendo la luz para asegurarme de que estoy sola. Suspiro al comprobar que es así. En mi sueño, Javi era un chupasangre. Me llevo las manos a la cabeza, negando. Imposible. «¿Vampiros?». Aturdida, me siento en una silla. Desconozco qué serán, pero reafirmo lo que viví y observé con estos dos ojos que tengo en la cara. Resulta imposible que fueran humanos. Eso lo tengo claro. No podían, ni pueden, serlo.
Como si me iluminaran, recuerdo que Antoine, el francés, me preguntó por Pierre Pulido, mi abuelo Pedro. «¿Por qué?». Yo siempre he sabido por mi padre, que el suyo, no tenía un trabajo normal. No hay que ser muy listo. Mi madre y yo, por ejemplo, siempre pensamos que trabajaba para alguna organización secreta contra el crimen y no como policía local –que era lo que nos pretendía hacer creer–. Incluso mi abuela Paloma, a pesar de que hiciera oídos sordos y pasase de nuestros interrogatorios, sabíamos que no era tan tonta como aparentaba delante de nosotras, o de él. Demasiados “lujos” le daba para ser un simple y vulgar policía local, y excesivos viajes hacía por España y el extranjero él solo. Mi abuelo fue quien me enseñó cinco de los ocho idiomas que sé.
De repente, me levanto. Una fuerza espiritual me empuja a ello. Seco mis lágrimas y aproximo mi rostro al cristal de la ventana. Me enfado con la vida, pero saco coraje de la nada y de las heridas. Me quito el anillo y lo miro fijamente. Tengo una cosa clara. Ya he dejado de existir. Ahora va a nacer una nueva Érica que no tendrá nada que ver con la antigua. Una que no llorará nunca más. Lo haré por él, por Javi.
Cierro la mano con el anillo dentro. Me lo vuelvo a poner pensando que llegará el momento en el que me deba desprender de él para no ser vulnerable. Luego, mirando a la luna, decido hablarle con ternura. Entonces, convencida de lo que viví, de lo que ocurrió realmente, le prometo en un susurro investigar hasta dar con la verdad.
–Javi, una espinita se me clava en el fondo del alma… Tu ausencia infinita marca mis solitarios labios. Extraño tus dulces besos. Todo. Hasta tus defectos. Anhelo que vuelva a mí la calma que desbordabas cuando, dormida en tu pecho, acurrucada, me abrazabas con tiento y me decías que me querías… Todavía no entiendo por qué te has ido y me has dejado tan sola… Aunque, mejor dicho, no comprendo por qué te arrebataron la vida, por qué te la arrancaron de esa manera… Encima, mancillando tu nombre hasta en los periódicos… ¡¿POR QUÉ?! –exclamo un poco más alto–. El desconsuelo anida en mi corazón y, cada noche, a cada segundo, no puedo olvidar aquel último día en el que nos amamos… –una lágrima intenta salir, pero la sello con un hondo suspiro–. Sé que no habrá amor que llene el vacío que me dejó tu ausencia… Lo-lo sé –tartamudeo–. Eras mi todo y… te juro –señalo a la luna, poniendo la yema del dedo sobre el cristal– que no me iré de esta vida, sin antes haber vengado la tuya…

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Tras hacerle el amor.

Publicado en el viejo blog (07/11/2013)

(No muy de mi estilo, pero había que probar… Espero que os guste)

¿A quién dedicárselo?
Al… lector o lectora que le guste.

–¿Qué por qué estoy triste?
–Sí, ¿qué te ocurre? ¿Por qué me has citado con tanta urgencia? –me preguntó con la preocupación implantada en el rostro.
–He tenido un sueño extraño… O mejor dicho, pesadilla. Lo he pasado muy mal al despertar. En realidad, al darme cuenta de que todo por este camino va mal.
–¿Y de qué iba? ¿Qué es lo que va mal? –agarró mi mano.
–De la mujer que amo.
–¿Se iba con otro o qué? –rió con desgana.
–No es eso… Aunque a este ritmo podría suceder.
–Cuéntamelo… –se sentó a mi lado para alentarme.
–Soñé que la tenía delante y que yo era pintor. Ella vestía un elegante traje ajustado que me gustaba demasiado… Uno que se ha puesto en más de una ocasión –suspiré agachando mi cabeza–. Mi deber era el de retratarla en mi estudio. Un estudio enorme, pero bastante vacío en realidad. Quizás, ahora que lo pienso… tan vacío como me siento cuando estoy sin ella a mi lado. Eso me lo ha hecho descubrir esta pesadilla.
»Primero, tenía el pelo recogido. Luego, pensé que estaría mejor si se lo soltaba. Esa parte está difusa. Tanto como las conversaciones.
»La cosa es que llevábamos ya un buen rato antes de que se sentase en el sofá a descansar. No encontraba la pose perfecta. En uno de los movimientos que hizo al echarse hacia atrás, un tirante se le bajó suavemente. No pude evitar lo que eso provocó en mí. Lo que nunca antes había visto en ella, parece que despertó de repente. Y, tal vez, también debería señalar que algo poderoso se contrajo en mi interior al tocar su piel en un descuido por colocar bien la tela caída. Enseguida sus labios carnosos, enrojecidos por el carmín, me hicieron sentir hombre… Avivaron la llama de la pasión en mí.
»Sin darme cuenta, acaricié su mejilla. Por suerte, logré disimular apartándole el cabello hacia un lado. Algo se había alterado en mi fuero interno.
»No sabía cómo definir lo que se me removía al contemplarla semitumbada. Se veía tan inocente, tan cercana, tan… en parte… provocativa. Se mordió el labio inferior cuando me acerqué a colocarla. Estaba bastante inspirado. Demasiado. Al agarrar sus muñecas temblé interiormente. Se me escapó incluso una mirada pecaminosa que, con mucha probabilidad, delatara mis deseos, mis miedos…
»No podía dejar de decirme a mí mismo que una amistad muy grande nos unía. A pesar de ser un sueño, no quería jugármela. No deseaba perderla por un error, un fallo cualquiera. Era, y obviamente es en la realidad, demasiado importante para mí. No obstante, me atrapó. Y ya no hablo solo de sus labios carnosos y sensuales… Su pecho comenzó a agitarse con fuerza al mismo tiempo que una de sus piernas acariciaba la mía.
»Nervioso, me aparté con una rapidez pasmosa. Le sugerí pintarla con la ropa un poco descolocada. También, una pose algo más sensual. Mientras tanto, en mi mente, no dejaba de intentar evadirme de mis pensamientos y actitudes físicas, los cuales, me hubieran arrojado de cabeza a las brasas del sofá en el que se hallaba.
»Me di media vuelta tratando de controlar la respiración. ¿Cómo podía sentir eso por ella? ¿Cómo no me había dado cuenta antes de lo que me oprime el corazón? –suspiro–. En serio. Lo prometo. No me había percatado de que mi cariño hacia su persona había rebasado la amistad hasta ese momento del sueño.
»Volviendo con la pesadilla… No me había separado ni dos pasos cuando giré mi rostro hacia ella de nuevo. Para mi sorpresa, ya mostraba gran parte de sus tersas piernas y… sus hermosos pechos se asomaban tímidamente por el balcón de su vestido. Lo peor de todo es que no sabía si su mirada, sugerente para mí, era una invitación al pecado o una simple pose para retratar. Fuera lo que fuese, no lo resistí más. Quise salir de dudas. Así pues, decidido, me arrodillé a su lado y tomé la tela de sus muslos entre mis manos con delicadeza. La alcé lentamente hacia arriba. No me detuvo. Al revés, esta tomó mi cuello con la delicadeza que habría imaginado en la más dulce y pura de mis fantasías.
»Ya no sabía qué hacer, o qué decir. Simplemente aproximé mi rostro al suyo hasta casi besarla. Y digo casi porque di un respingo hacia atrás, asustado.
»Cerré los ojos para recapacitar, pero cuando los abrí al sentir sus manos sobre mí, ya se encontraba desnuda, desnudándome. Quizás mi juicio me falló. Tal vez, mi razón se marchara a alguna parte y me abandonara. No lo sé. No lo supe. Simplemente puedo garantizarte que la ayudé a hacer desaparecer la ropa de mi cuerpo lo más rápido que pude.
»¿Fue el ansia? ¿La locura? No tengo ni la más remota idea. Solo contarte que la tumbé con ternura hacia atrás, hacia el sofá con el que mi fantasía me quiso delatar esta noche. Ahí, desnuda ante mis ojos, ante mis antojos, no pude evitar dejar a mis labios recorrer su cuerpo mientras mi fuente inagotable de deseo emanaba toda la pasión que anteriormente se había quedado escondida, dormida para no hacerme ver lo que tenía delante de mí. Soñaba que mis manos recorrían su cuerpo y se recreaban en lugares prohibidos donde de niños nunca llegué a imaginar que ahora de adulto podría llegar a tocar.

»Sus manos se arremolinaron en mi pelo mientras mi lengua acariciaba su tersa piel. El recorrido vertiginoso de este músculo por su torso no era comparable, en calor, con el que corría fuertemente galopando mi interior. Un nudo tormentoso empezó a ahogarme cuando, ya en sus labios, sus piernas se aferraron a mi cintura con el ímpetu furioso de un jinete en caballo desbocado. Entonces, en esa postura tan fortuita, pude palpar con mi intimidad más ardiente el Oro de los Dioses, el paraíso de Odín, el Palacio de Neptuno… Todo iba llegando a su destino.
»Agarré su cabeza con fuerza, pero sin apretar, para que no pudiera escaparse del ansiado contacto que mis labios anhelaban hacer con los suyos al mismo tiempo que un huracán estallaba en mi corazón al sentir la extrema calidez de su preciado interior.
»Poco a poco me iba abriendo paso por el infierno ardiente de su deseado cuerpo. Poco a poco iba tomando lo que me repetía, una y otra vez, que no debía ser mío.
»Seguí hacia delante hasta que ya no hubo vuelta atrás y, en mitad de este extenuante y maravilloso vals, una chispa de extremo gozo explotó en sus ojos. Fue como una especie de rayo que me indicó que todo había acabado y que yo también debía finalizar.
»Tras hacerle el amor, querida amiga, ella se marchó sin que me diese tiempo a hablar, a explicarle nada. Bien solo me dejó en esa fría habitación. Es decir, supongo que llegó a mi corazón, me hizo amarla y darme cuenta de que, en la realidad, sin tenerla cerca me encuentro totalmente vacío.
»Quise ir detrás, pero no podía salir y buscarla. Ya no había puertas, ni ventanas. Solo ella podía volver a entrar. Al despertar, me di cuenta de que si yo no confesaba, ella no sabría lo que sentía. Y si no lo sabía, jamás volvería. Jamás me querría. Al despertar… repito, me sentí fatal. Me percaté de que estaba eligiendo un mal camino.
–Vaya… –tragó saliva, desconcertada–. Desconocía esta faceta tuya tan roman…
–La dejé escapar en mi sueño –agaché la cabeza cortando su frase.
–¿Y eso por qué? –tocó mi hombro para darme ánimo.
–Por ser mi mejor amiga… –clavé mis ojos en los suyos, tratando de adentrarme en su alma para expresarle mi sinceridad.
–¡Vaya! –sonrió burlona–. Y yo que pensaba que era tu mejor amiga… Ahora hay otra contra la que competir…
–Querida –agarré su rostro–, a veces, una mirada vale más que mil palabras y una historia a medio terminar…
Su expresión cambió de manera drástica, de la tristeza compartida al asombro más insólito e inesperado. Ella era mi única mejor amiga.
–Déjame probar suerte y aventurarme a quererte… –susurré antes de besarla, antes de lanzarme a la aventura.

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Por María del Pino.
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MI PROTEGIDA. El guardaespaldas de Suzanne, de Marissa Cazpri.

Soy de las personas cuya opinión personal es que si en una novela no hay un mínimo de amor, cojea (no estoy diciendo que sea mala, ¡ojo!). Cuando hablo de un mínimo, hablo de amor maternal, paternal, de hermanos, amistad, carnal, etc. Debe haber un “algo” porque si no, carecería del sentimiento humano mayor. Sin amor no somos nadie. Como digo en las entrevistas que me hacen: cuando uno no tiene amor, llora por desamor, que… para el caso, lo mismo da, que da lo mismo. Y si hablamos ya de novelas eróticas en sí, pienso que si de verdad una novela erótica quiere ser BUENA, debe tener un mínimo de factores que la acompañen y hagan entretenida. No todo lo que se lea debe ser deseo, sexo, lujuria, sexo, besos, sexo, tocar, sexo, etc y más sexo. Sobre todo, cuando hablamos de novelas del grosor de MI PROTEGIDA. El bba9582f-4346-4c94-8469-d01a988b2319guardaespaldas de Suzanne, que tiene un volumen bastante considerable.
A mí, particularmente, me encanta el tema amor, el romance, que suba el tono e incluso sonroje de vez en cuando, pero que tampoco sea quedarse empalagosa de cursiladas y amor. Tampoco me gusta que en una novela, por muy “erótica” que sea, haya muchas “guarradas” continuas porque soy algo… MOJIGATA. Y no me importa reconocerlo: leer mucha palabrería grosera o palabras como “chupar, chupar, lamer y chupar” acompañadas de lo propio (y estoy siendo muy fina), me provoca dolor en las pupilas… jeje. Cosa que aquí no me ha ocurrido, haya, lo que haya escrito porque todo tiene su “por qué” y su medida razonable para aquellos lectores que sean de carácter más discreto.

Por fortuna, mi querida amiga y compañera Marissa Cazpri, nos presenta en su obra una GRAN novela cuyo tema principal es el romance entre Suzanne y su guardaespaldas Rick.33 Obviamente no desvelo nada que ya no esté ya dicho. Ellos son unos personajes con presente, pasado y futuro que encierran un mundo interior un tanto oscuro y conservador.
Ambos, al encontrarse, caen en el jueguecito del sexo como dos lobos ansiosos y desesperados. Eso sí… con reglas que ya no escribiré por no desvelar el pastel. La pasión florece entre los dos con un roce de sus cuerpos, una palabra, una mirada furtiva o no… En definitiva, las hormonas se despiertan con solo pensar el uno en el otro.

Lo que realmente me gusta y ha gustado de la novela no es el sexo. No. Lo que me tenía muy enganchada ha sido y es la trama que la envuelve, ya que aunque al principio parece estar en un plano un poco secundario, absorbe y acapara por su importancia y buen ritmo en la línea temporal en la que van transcurriendo los distintos hechos. El acosador de Suzanne esconde muchos más misterios de los que parece que, añadidos a ella y a su turbulento y misterioso pasado, crearán en el lector una serie de dudas.

Su lectura es fácil y amena. Mirad si digo AMENA que me lo he leído en dos mañanas. No he tardado menos porque tenía otros asuntos pendientes. Es una novela recomendable que animo a leer. Los personajes son curiosos y de diario, personas de a pie a pesar de su grandeza artística e intelecto, que es lo que entusiasma al lector, ya que nuestra principal función como escritores, como NOVELISTAS, es principalmente entretener al lector o lectora en toda la obra sin que pierda el hilo  de la historia (aunque sí crearle dudas o misterios adrede). Esa es la magia del narrador, del escritor y su pluma.

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No soy de leer mucha novela erótica, pero si me dan contenidos y argumentos tan buenos de fondo, que me den lo que quieran. Sobre todo, si es de esta autora.

No sé si quiero ser una protegida más por el tema de lo que le sucede y sucedió a nuestra protagonista Sussi, pero sí me hago oficialmente, además de compañera, una lectora más de Marissa Cazpri.

Echando la memoria atrás y tirando de mi hemeroteca personal…¿Quién me iba a decir a mí que aquella bella mujer que llevé a la radio para leer uno de sus relatos porque me seguía a mí, hoy sería una gran escritora a la que yo también seguiría? La gracia del destino.

EHORABUENA, MARISSA. Eres increíble.

María del Pino.

(Escritora, ilustradora, guionista, ex-locutora de radio y directora de cine)

Fiesta clandestina “ALHAMBRA RESERVA 1925” (Córdoba)

3e927bfc-910c-4ee7-a9c8-6cbacda06e05Ayer, en la Posada del Potro (Córdoba), tuve el placer y el honor de poder asistir a un evento que supo seducir a sus invitados: fiesta Clandestina “ALHAMBRA RESERVA 1925”.
La velada transcurrió de manera tranquila y amena, disfrutando de la música y el buen
ambiente. Incluso pudimos ver parte de la laboriosa DSC_0981fabricación de una guitarra española, un arte tan nuestro como del mundo. Se degustó la reserva de 1925 mientras Valle de Aras (Lucena) tuvo la delicadeza de añadir una cata variada de quesos que, además de excelentes y (como ya he dicho) variados, colocó de manera estética y delicada en una mesa donde la abundancia era algo destacable y la simpatía de sus meseros un lujo. Lo que me resultó delisioso y a la vez magnífico fue la tarta de queso. Cosecha propia y hecha expresamente para ellos.

BUMM EVENTOS son unos organizadores estupendos que han sabido llevar la fiesta “ALHAMBRA RESERVA 1925” a buen puerto. Enhorabuena. Mágnífica y deliciosa

María del Pino.

 

El deseo del amante.

Publicado en el viejo blog (19/09/2014)

Después de tanto tiempo sin escribir en mi blog, hoy pido perdón
y lo hago con este escrito-relato-fragmento que antaño me inspiró
una bonita canción. Espero que os guste.

 

Se lo dedico a toda aquella persona
que ame sin ser correspondida.

Quiero besarte los ojos sin que me duela el alma, amarte y gozar del placer más dulce junto a ti sin que luego me sepa amargo. Deseo buscarte en la noche sin sentirme un forajido, darte la mano en la mañana sin que se nos señale con el dedo. Anhelo beber el elixir de tus labios bajo la mirada de unos fuegos artificiales, reflejarme en tus ojos negros sin ver un monstruo, pero todo es imposible porque cuanto más lo ambiciono, más descubro que solo se trata del producto de un sueño efímero, efímero como un golpe de viento que pasa por mi vera en un segundo y al siguiente por el tuyo. Maldigo este amor sincero y no correspondido, este calor que arde en mis entrañas cuando te veo a su lado. Maldigo esta pasión que a su vez me hiela el corazón cuando no estás al mío. Suspiro de noche cuando te veo. Suspiro sin reproche, sin decirte “te quiero”.
Muero a causa de este amor sellado entre las cuatro paredes que nos guardan el secreto. Secreto que deja de serlo cuando estamos a solas, sin nadie alrededor. Ahí es cuando te tengo entre mis brazos aunque no me ames como a él.
Hiere. Me hiere el alma ser solo tu pasatiempo. Sin embargo, me llamas y caigo en el abismo del caos, de tus labios y besos. Caigo sin pensarlo, sin mirar cómo escupes en mis heridas y cómo escuecen cuando te vas, cuando silencio, cuando me trago el sentimiento, los celos que me inundan al verte con tu marido.
Me desvelo pensando en ti, pero solo soy un esclavo de tus deseos. Un condenado a muerte por amarte. Maldigo el enamorarme de ti, de tu mirar… Y maldigo el corazón que me has arrebatado porque… aunque no lo sepas, yo a ti sí te amo.

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