El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo 5)

Capítulo V

Dos meses después, pasando año nuevo y en vísperas del día de los enamorados, la insipidez de mi interior me embarga, haciéndome más fría. Al menos, físicamente estoy mejor. Peso cincuenta y ocho kilos y espero llegar a los sesenta muy pronto. Para ello, debo apuntarme a un gimnasio y recuperar las formas de mi cuerpo. Aquellas que tenía unos años atrás.
Todavía no he pisado la calle, así que estoy un poco nerviosa. Mi padre, Alberto, me llevará en coche al gimnasio. Después, a mi antiguo trabajo para que me den de alta la semana que viene y volver a mis asuntos laborales. He de reconocer, que tengo mucha suerte. No a todas las personas las esperan con tantas ganas como a mí.
Me observo frente al espejo con cara de asco. Casi no me reconozco. Tengo el pelo más largo de lo usual. Iré a cortármelo pronto. Abro un poco más la persiana y vuelvo a contemplarme. Las ojeras se han reducido, volviendo a dejar que destaque el verde de mis ojos, y al fin he rellenado las líneas esqueléticas que denotaban mi extrema delgadez. Mi pelo, negro y liso, hace que parezca más blanca que de costumbre. Pero… ¿qué puedo esperar si no me ha dado el sol en estos meses?
La ropa me está un poco ajustada. Menos mal que me la compraba grande. No me veo gorda, pero debo ponerme en forma y ganar esos dos kilos en músculo. Cuando al fin me encuentre físicamente en condiciones, empezaré la investigación a fondo. Debo llevar a cabo mi venganza. Van a morir todos esos seres.
–Érica, ¿se puede? –mi madre toca la puerta.
–Sí.
Entra alegre. A pesar de mi patente tristeza, me ve más recuperada. Y recuperada estoy porque tengo un objetivo: acabar con los que destruyeron mi vida… No pararé. No me detendré hasta exterminar al último.
–Érica, ¿estás lista? –me zarandea mi madre.
Afirmo.
Bajamos las escaleras despacio, con tranquilidad. Al llegar a la puerta, mi madre sonríe con alegría. La abre y la luz me ciega. El sol impacta sobre mi piel y, por unos segundos, me molesta. Después, poco a poco me va reconfortando. Doy el primer paso fuera de casa, indecisa. Mi padre se halla enfrente, con el coche en marcha. Su rostro muestra un leve amago de felicidad. Yo, en cambio, me trago un nudo. Esto podría haber sido mi boda y no lo que es. Suspiro. No debo ser débil.
Una vez montada en el coche, ponemos rumbo al Brillante, donde está el gimnasio Club Gym Sierra. Me abstraigo con la gente de la calle. Parecen felices. «¿Habrá alguno en mi misma situación?».
Después de apuntarme al gimnasio, vamos a la agencia CORDOBANOSTRA, empresa turística en pleno apogeo de expansión y lugar donde llevo trabajando todo este tiempo atrás. En la mismísima puerta, Francisca Pozo, la jefa, me recibe con un enorme chaquetón, un abrazo y las lágrimas saltadas. Se alegra mucho de verme después del incidente. Tras interesarse por mi salud, me propone empezar con algo más simple. Acepto. Lo que me ponga, bueno será. Aquí me tratan demasiado bien. Según ellos, soy su mejor trabajadora y hay que cuidar lo bueno.
Me despido de ella. Hemos quedado en que me enviará un correo e-mail con el nuevo horario y la nueva labor, ya que quieren abrir una ruta por la ciudad.
Al llegar a mi casa, me tumbo en la cama. No he hecho nada, pero estoy exhausta. Necesito entrenar.

 

 

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Aviso legal: Tanto este capítulo como gran parte del contenido de este blog y el libro se encuentran protegidos por el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual.

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Autor: mariadelpinoblog

Escritora, ilustradora, ex-locutora de radio, guionista y actualmente directora en el mundo audiovisual con una película en montaje y varios cortometrajes a punto de salir del horno.

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