El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo IX)

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Capítulo IX

Ya es de noche y no puedo dejar de pensar en todo lo sucedido. Muchas imágenes pasan por mi mente. Las que más me atormentan ahora mismo tienen que ver con el abuelo, con Javi, con el inspector Ruiz –al que nunca creo poder llamar por su nombre– y con el misterioso asesino chupasangre.

Abro el portátil y escribo en Google: “¿existen los vampiros?”. No me atrevo ni a pulsar la tecla Enter. Es una idea descabellada. Saco la estaca y la examino minuciosamente. Presenta una forma muy estética. Incluso parece que la han hecho adaptada a la forma de la mano. Borro las estúpidas palabras que escribí en el buscador y me dedico a ojear la bandera de Portugal. Me resulta extraño, pero me recuerda a ella. No tiene nada más que los colores, pero, al verla, es lo primero que se me viene a la mente. Tendré que ir a hablar con mi amigo José Carlos –un hacker experto–, para que me ayude a averiguar su procedencia.

Vuelvo a abrir el manuscrito y a leer la dedicatoria. Cazador… Esa palabra y la estaca me traen a la cabeza de nuevo el tema de los vampiros. Ahora me arrepiento de no haberme fijado en el cuello de Javi cuando yacía muerto frente a mí. Abro la siguiente página y veo que está en blanco. Paso hoja por hoja. Todas de igual modo. «¿Qué clase de amigo es aquél que regala un libro dedicado y en blanco?». No creo que se lo haya regalado para que él escribiese.

Voy a mi viejo video de VHS y meto la cinta en la que salen mi hermano y Javi. Intento contener mis emociones al contemplar sus rostros. Lo detengo justo cuando entra el individuo que abraza a mi abuelo. No se le ve la cara, ni el cuerpo, pero sus andares me suenan de algo. Además, ya no me parece que sea un hombre de la edad de mi abuelo, sino un joven. Le vuelvo a dar al play. Viendo el vídeo, me dedico a pensar que ahora ese hombre –si es el hijo de su amigo y no su amigo– tal vez deba tener cuarenta o cincuenta años. «¿Debería buscarlo?». Tiene pinta de ser el hijo de C. Emperator por su agilidad en los andares.

Mientras divago, el vídeo transcurre. La siguiente imagen es mía. Mi abuelo me regala una pelota de Goku y se va al patio delantero, dejando la puerta del salón abierta. La cámara enfoca el exterior. Se ve un poco borroso, pero distingo el antiguo coche de mi padre. Pasan dos minutos más y yo sigo bota que te bota, bota que te bota. No me canso de hacer la misma tontería. Justo cuando voy a avanzar, a lo lejos se ve un hombre. Se sitúa detrás del viejo Opel. Me acerco a la pantalla, pero no logro apreciar nada. Está muy lejos y se ve difuso. El abuelo se acerca a él. Lo reconozco únicamente por el jersey. «¡Maldita cámara vieja!». Le da un abrazo. El desconocido le extiende una especie de sobre enorme y acaba yéndose sin más.

Pensando y pensando, llego a la conclusión de que ese hombre debe de saber muchas de las cosas que el abuelo ocultaba. Mi nueva misión será la de ir a buscar al tal C. Emperator. O en su defecto, a su hijo, el posible hombre de los vídeos.

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Aviso legal: Tanto este capítulo como gran parte del contenido de este blog y el libro se encuentran protegidos por el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual.

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Autor: mariadelpinoblog

Escritora, ilustradora, ex-locutora de radio, guionista y actualmente directora en el mundo audiovisual con una película en montaje y varios cortometrajes a punto de salir del horno.

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