Desvélame.

Desvélame tu fantasía más oculta, tu pensamiento más impuro. Desvélame tus más eróticos secretos y tus más inconfesables sentimientos que yo sabré guardarlos para bien usarlos cuando te decidas a insinuarte, a seducirme, a permitirme rozarte con mis labios.

bsoDesvélame el universo de tu piel que yo ardo en deseos por compartir contigo el mío, mis ilusiones y anhelos más profundos. Déjame entrar en tu boca, penetrar en tu mirada, tocarte suavemente con las yemas de mis dedos mientras te beso. Déjame sentirte tan dentro de mi ser como yo del tuyo.

Desvela ya tu cuerpo a mis ojos que mi volcán incandescente y tenaz explota. Desvela ya tu paraíso oculto a mis temblorosas manos, que se desesperan con la espera y gozan con la imaginación de intuirnos a solas en una misma habitación.

Entrégame sin pensar más tu corazón, tu locura y tu razón. Entrégate completamente a este amor que te necesita tan urgente.

Amor y palabras. M. del Pino.

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Cuando ya no tenga nada por lo que vivir, de María del Pino.

33c

 

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Engaño, de María del Pino.

“En tu mirada, mujer, he descubierto la dureza de mi engaño. He adivinado el futuro. Un futuro desierto y ermitaño. Un futuro vacío sin tu presencia, sin tus más dulces caricias… Me he visto sin tus labios. mary-martinez-modelo-maria-del-pino-fotografia-y-fraseLabios que ardían cuando me besaban, que mi cielo mágicamente con toques de luz ilustraban para, ahora, saber que todo está roto, herido, solo…
En tu mirada, mujer, he podido ver más allá de las estrellas, pues, estrellado por las fuerzas que en una fugaz aventura me flaquearon, sumido trágicamente por la oscuridad me hallo .
No quise ser débil. Lo juro. Sin embargo, lo fui. La vanidad, ¡mi hombría! y mi infiel falta de desatino me hicieron directo caer en las armas de seducción de otra de mujer.
En tu mirada, mujer, mi soledad por siempre he logrado ver” (“Engaño”, de María del Pino)
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Fotografía: María del Pino.
Modelo: Mary Martínez.

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Frases: amor y palabras (002)

 

“Si cuando rozas tu piel con mía creo ver de cerca estrellas, ¿qué galaxia crees tú que veré si me besas?” (Amor y palabras. M. del Pino).

“Y yo quisiera… derretirme en tu mirada, fundirme en tus besos y quedarme en tu corazón ” (Amor y palabras, M. del Pino).

Mara del Pino Frases

“Pedir a altas horas de la madrugada, bajo la lumbre que ilumina tu puerta, un poco de cobijo y calor para este corazón malherido por la ausencia de tus besos no puede ser peor que dejarlo abandonado en un rincón, viendo el tiempo pasar y quedando a la espera de que por ti muera” (Amor y palabras. M del Pino).

“Llegaste a mi vida solo para iluminarla” (Mi primer beso, de M del Pino).

“Y tú naciste de la pasión más hermosa que originó un beso inocente” (Amor y Palabras. M. del Pino).

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Fragmentos: “Shh y desaparece”.

“Y yo que solo te pedí un poco de amor, me regalaste un océano de calvarios, tempestades y tormentos con tu cariño. Y yo que te pedí un poco de paz y sosiego en tus brazos, me regalaste los más bélicos momentos de mi vida, donde la sangre más irritada de mis venas atacaba a mi pobre corazón con más y más saña… Y yo que te pedí que cuidaras la vida, mi vida, que en tus manos ponía… ni decir quiero el lugar donde tirada como un despojo pisoteado tenías. Por eso, ahora solo te pido una última cosa para que dejes de montar toda esta algarabía. Te pido que me olvides y no me llames, que no me mires, que no me hables para así regalarme el más hermoso silencio provocado por tu ausencia, por la falta de tu negra presencia… Solo Shh y desaparece…”
Shh y desaparece”. Amor y palabras. En este caso… de desamor. M. del Pino.
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Tras hacerle el amor.

Publicado en el viejo blog (07/11/2013)

(No muy de mi estilo, pero había que probar… Espero que os guste)

¿A quién dedicárselo?
Al… lector o lectora que le guste.

–¿Qué por qué estoy triste?
–Sí, ¿qué te ocurre? ¿Por qué me has citado con tanta urgencia? –me preguntó con la preocupación implantada en el rostro.
–He tenido un sueño extraño… O mejor dicho, pesadilla. Lo he pasado muy mal al despertar. En realidad, al darme cuenta de que todo por este camino va mal.
–¿Y de qué iba? ¿Qué es lo que va mal? –agarró mi mano.
–De la mujer que amo.
–¿Se iba con otro o qué? –rió con desgana.
–No es eso… Aunque a este ritmo podría suceder.
–Cuéntamelo… –se sentó a mi lado para alentarme.
–Soñé que la tenía delante y que yo era pintor. Ella vestía un elegante traje ajustado que me gustaba demasiado… Uno que se ha puesto en más de una ocasión –suspiré agachando mi cabeza–. Mi deber era el de retratarla en mi estudio. Un estudio enorme, pero bastante vacío en realidad. Quizás, ahora que lo pienso… tan vacío como me siento cuando estoy sin ella a mi lado. Eso me lo ha hecho descubrir esta pesadilla.
»Primero, tenía el pelo recogido. Luego, pensé que estaría mejor si se lo soltaba. Esa parte está difusa. Tanto como las conversaciones.
»La cosa es que llevábamos ya un buen rato antes de que se sentase en el sofá a descansar. No encontraba la pose perfecta. En uno de los movimientos que hizo al echarse hacia atrás, un tirante se le bajó suavemente. No pude evitar lo que eso provocó en mí. Lo que nunca antes había visto en ella, parece que despertó de repente. Y, tal vez, también debería señalar que algo poderoso se contrajo en mi interior al tocar su piel en un descuido por colocar bien la tela caída. Enseguida sus labios carnosos, enrojecidos por el carmín, me hicieron sentir hombre… Avivaron la llama de la pasión en mí.
»Sin darme cuenta, acaricié su mejilla. Por suerte, logré disimular apartándole el cabello hacia un lado. Algo se había alterado en mi fuero interno.
»No sabía cómo definir lo que se me removía al contemplarla semitumbada. Se veía tan inocente, tan cercana, tan… en parte… provocativa. Se mordió el labio inferior cuando me acerqué a colocarla. Estaba bastante inspirado. Demasiado. Al agarrar sus muñecas temblé interiormente. Se me escapó incluso una mirada pecaminosa que, con mucha probabilidad, delatara mis deseos, mis miedos…
»No podía dejar de decirme a mí mismo que una amistad muy grande nos unía. A pesar de ser un sueño, no quería jugármela. No deseaba perderla por un error, un fallo cualquiera. Era, y obviamente es en la realidad, demasiado importante para mí. No obstante, me atrapó. Y ya no hablo solo de sus labios carnosos y sensuales… Su pecho comenzó a agitarse con fuerza al mismo tiempo que una de sus piernas acariciaba la mía.
»Nervioso, me aparté con una rapidez pasmosa. Le sugerí pintarla con la ropa un poco descolocada. También, una pose algo más sensual. Mientras tanto, en mi mente, no dejaba de intentar evadirme de mis pensamientos y actitudes físicas, los cuales, me hubieran arrojado de cabeza a las brasas del sofá en el que se hallaba.
»Me di media vuelta tratando de controlar la respiración. ¿Cómo podía sentir eso por ella? ¿Cómo no me había dado cuenta antes de lo que me oprime el corazón? –suspiro–. En serio. Lo prometo. No me había percatado de que mi cariño hacia su persona había rebasado la amistad hasta ese momento del sueño.
»Volviendo con la pesadilla… No me había separado ni dos pasos cuando giré mi rostro hacia ella de nuevo. Para mi sorpresa, ya mostraba gran parte de sus tersas piernas y… sus hermosos pechos se asomaban tímidamente por el balcón de su vestido. Lo peor de todo es que no sabía si su mirada, sugerente para mí, era una invitación al pecado o una simple pose para retratar. Fuera lo que fuese, no lo resistí más. Quise salir de dudas. Así pues, decidido, me arrodillé a su lado y tomé la tela de sus muslos entre mis manos con delicadeza. La alcé lentamente hacia arriba. No me detuvo. Al revés, esta tomó mi cuello con la delicadeza que habría imaginado en la más dulce y pura de mis fantasías.
»Ya no sabía qué hacer, o qué decir. Simplemente aproximé mi rostro al suyo hasta casi besarla. Y digo casi porque di un respingo hacia atrás, asustado.
»Cerré los ojos para recapacitar, pero cuando los abrí al sentir sus manos sobre mí, ya se encontraba desnuda, desnudándome. Quizás mi juicio me falló. Tal vez, mi razón se marchara a alguna parte y me abandonara. No lo sé. No lo supe. Simplemente puedo garantizarte que la ayudé a hacer desaparecer la ropa de mi cuerpo lo más rápido que pude.
»¿Fue el ansia? ¿La locura? No tengo ni la más remota idea. Solo contarte que la tumbé con ternura hacia atrás, hacia el sofá con el que mi fantasía me quiso delatar esta noche. Ahí, desnuda ante mis ojos, ante mis antojos, no pude evitar dejar a mis labios recorrer su cuerpo mientras mi fuente inagotable de deseo emanaba toda la pasión que anteriormente se había quedado escondida, dormida para no hacerme ver lo que tenía delante de mí. Soñaba que mis manos recorrían su cuerpo y se recreaban en lugares prohibidos donde de niños nunca llegué a imaginar que ahora de adulto podría llegar a tocar.

»Sus manos se arremolinaron en mi pelo mientras mi lengua acariciaba su tersa piel. El recorrido vertiginoso de este músculo por su torso no era comparable, en calor, con el que corría fuertemente galopando mi interior. Un nudo tormentoso empezó a ahogarme cuando, ya en sus labios, sus piernas se aferraron a mi cintura con el ímpetu furioso de un jinete en caballo desbocado. Entonces, en esa postura tan fortuita, pude palpar con mi intimidad más ardiente el Oro de los Dioses, el paraíso de Odín, el Palacio de Neptuno… Todo iba llegando a su destino.
»Agarré su cabeza con fuerza, pero sin apretar, para que no pudiera escaparse del ansiado contacto que mis labios anhelaban hacer con los suyos al mismo tiempo que un huracán estallaba en mi corazón al sentir la extrema calidez de su preciado interior.
»Poco a poco me iba abriendo paso por el infierno ardiente de su deseado cuerpo. Poco a poco iba tomando lo que me repetía, una y otra vez, que no debía ser mío.
»Seguí hacia delante hasta que ya no hubo vuelta atrás y, en mitad de este extenuante y maravilloso vals, una chispa de extremo gozo explotó en sus ojos. Fue como una especie de rayo que me indicó que todo había acabado y que yo también debía finalizar.
»Tras hacerle el amor, querida amiga, ella se marchó sin que me diese tiempo a hablar, a explicarle nada. Bien solo me dejó en esa fría habitación. Es decir, supongo que llegó a mi corazón, me hizo amarla y darme cuenta de que, en la realidad, sin tenerla cerca me encuentro totalmente vacío.
»Quise ir detrás, pero no podía salir y buscarla. Ya no había puertas, ni ventanas. Solo ella podía volver a entrar. Al despertar, me di cuenta de que si yo no confesaba, ella no sabría lo que sentía. Y si no lo sabía, jamás volvería. Jamás me querría. Al despertar… repito, me sentí fatal. Me percaté de que estaba eligiendo un mal camino.
–Vaya… –tragó saliva, desconcertada–. Desconocía esta faceta tuya tan roman…
–La dejé escapar en mi sueño –agaché la cabeza cortando su frase.
–¿Y eso por qué? –tocó mi hombro para darme ánimo.
–Por ser mi mejor amiga… –clavé mis ojos en los suyos, tratando de adentrarme en su alma para expresarle mi sinceridad.
–¡Vaya! –sonrió burlona–. Y yo que pensaba que era tu mejor amiga… Ahora hay otra contra la que competir…
–Querida –agarré su rostro–, a veces, una mirada vale más que mil palabras y una historia a medio terminar…
Su expresión cambió de manera drástica, de la tristeza compartida al asombro más insólito e inesperado. Ella era mi única mejor amiga.
–Déjame probar suerte y aventurarme a quererte… –susurré antes de besarla, antes de lanzarme a la aventura.

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Por María del Pino.
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El deseo del amante.

Publicado en el viejo blog (19/09/2014)

Después de tanto tiempo sin escribir en mi blog, hoy pido perdón
y lo hago con este escrito-relato-fragmento que antaño me inspiró
una bonita canción. Espero que os guste.

 

Se lo dedico a toda aquella persona
que ame sin ser correspondida.

Quiero besarte los ojos sin que me duela el alma, amarte y gozar del placer más dulce junto a ti sin que luego me sepa amargo. Deseo buscarte en la noche sin sentirme un forajido, darte la mano en la mañana sin que se nos señale con el dedo. Anhelo beber el elixir de tus labios bajo la mirada de unos fuegos artificiales, reflejarme en tus ojos negros sin ver un monstruo, pero todo es imposible porque cuanto más lo ambiciono, más descubro que solo se trata del producto de un sueño efímero, efímero como un golpe de viento que pasa por mi vera en un segundo y al siguiente por el tuyo. Maldigo este amor sincero y no correspondido, este calor que arde en mis entrañas cuando te veo a su lado. Maldigo esta pasión que a su vez me hiela el corazón cuando no estás al mío. Suspiro de noche cuando te veo. Suspiro sin reproche, sin decirte “te quiero”.
Muero a causa de este amor sellado entre las cuatro paredes que nos guardan el secreto. Secreto que deja de serlo cuando estamos a solas, sin nadie alrededor. Ahí es cuando te tengo entre mis brazos aunque no me ames como a él.
Hiere. Me hiere el alma ser solo tu pasatiempo. Sin embargo, me llamas y caigo en el abismo del caos, de tus labios y besos. Caigo sin pensarlo, sin mirar cómo escupes en mis heridas y cómo escuecen cuando te vas, cuando silencio, cuando me trago el sentimiento, los celos que me inundan al verte con tu marido.
Me desvelo pensando en ti, pero solo soy un esclavo de tus deseos. Un condenado a muerte por amarte. Maldigo el enamorarme de ti, de tu mirar… Y maldigo el corazón que me has arrebatado porque… aunque no lo sepas, yo a ti sí te amo.

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