Desvélame.

Desvélame tu fantasía más oculta, tu pensamiento más impuro. Desvélame tus más eróticos secretos y tus más inconfesables sentimientos que yo sabré guardarlos para bien usarlos cuando te decidas a insinuarte, a seducirme, a permitirme rozarte con mis labios.

bsoDesvélame el universo de tu piel que yo ardo en deseos por compartir contigo el mío, mis ilusiones y anhelos más profundos. Déjame entrar en tu boca, penetrar en tu mirada, tocarte suavemente con las yemas de mis dedos mientras te beso. Déjame sentirte tan dentro de mi ser como yo del tuyo.

Desvela ya tu cuerpo a mis ojos que mi volcán incandescente y tenaz explota. Desvela ya tu paraíso oculto a mis temblorosas manos, que se desesperan con la espera y gozan con la imaginación de intuirnos a solas en una misma habitación.

Entrégame sin pensar más tu corazón, tu locura y tu razón. Entrégate completamente a este amor que te necesita tan urgente.

Amor y palabras. M. del Pino.

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¿Leer, o no leer…? Mejor, pon el Sálvame.

¿Leer, o no leer…? Mejor, pon el Sálvame.

Antes de empezar, quiero dejar claro que aunque sea algo que no me guste, no quiero ofender ni al programa que puse como ejemplo, ya que podría haber dicho otros como GH, etc, ni a aquellos que los vean porque para gustos, los colores. No obstante, aquí dejo mi opinión personal sobre lo que vivo, sin ánimo, repito, de ofender a nadie.

Quizás, no sea buena idea publicar este artículo sobre la literatura y el bien común que esta hace, ya que es la pasión que me mueve el corazón. Sin embargo, debo hacer esta “llamada de auxilio”. No como escritora o ilustradora. Debo hacerla como ciudadana del hoy y del mañana ya que últimamente veo muchos memes tipo “Una cabeza vacía hace más ruido que una llena”, etc, etc, etc… En mi corta experiencia literaria (seis años hará en tres días de la publicación mi primera novela) he paseado y pasado por muchos centros de secundaria y primaria gracias a mis cuentos para niños o mis libros. Así pues, expongo la situación y lanzo mi pregunta.

Imaginad que entráis a un aula de un colegio cualquiera (me ha pasado en varias clases de distintos centros) y que lo primero que nos encontramos es la falta de atención. Eso, como algunos creemos, no es culpa de los profesores, sino de la educación de nuestros hijos (también hay excepciones para todo, ojo). Lo segundo que ocurre en esta situación que planteo es que a los cinco minutos de llegar, mientras el profesor intenta que guarden silencio, empecemos a escuchar los cotilleos de “la” Belén Esteban, el Fulanito de Copas o el Menganito de Asaber. Eso, amigos, es lo que ven los niños de hoy en día. Tal es la curiosidad de si hablan de lo que escuchan de sus mayores o saber si se trata de sus propias conclusiones al verlo (hablo de niños de nueve-diez años), que nos acercamos y preguntamos. ¡Ouch!, la curiosidad mató al gato. Y es un dicho que a veces, duele. Os garantizo que la sorpresa es, cuanto menos, grande ante las respuestas que me he llegado a encontrar. Son del calibre “¿Para qué voy a leer un libro, con lo aburrido que eso es, si el programa es más divertido y no tengo que hacer el esfuerzo (se sobreentiende que de concentrarse)?”. No me digáis que, si fueseis en ese momento el escritor, no os preguntaríais llegados a ese punto “¿Y qué hago, pues, aquí?”.

En vez de enseñarles a dar la vuelta al mundo, bajar al centro de la tierra, las clásicas historietas de las aventuras del pirata Garrapara, o a desarrollar su imaginación y creatividad… En vez de alentarlos y animarlos a hacer aquello que ellos quieran a la vez que preocuparnos por su educación y estudio, por sus horas de risas y juegos en familia que dejen de lado la individualidad de la “maquinita” o el móvil… los estamos enseñando desde temprana edad a ser adultos que solo se preocupan por ver con quién se ha acostado aquel famoso o aquella presentadora de programas del corazón.

No sé qué sentiréis al leer estas líneas (y si sois profesores habréis experimentado algo similar), pero, realmente, he pasado por clases en las que la educación es “una cosa” que NO EXISTE (hablo de niñas montadas en la mesa haciendo el gorila mientras berrean como demonios y niños que abren la puerta y “se piran de clase” a “pasear por ahí” porque, como dicen “se aburren un huevo”). Y, no sé si tendrá que ver o no, pero en esas clases… solo leían los dos o tres niños que sí sentían algo de respeto hacia ese profesor o profesora y hacia esa persona invitada que está perdiendo parte de su tiempo en ir a hablarles de algo tan maravilloso como lo que es el mundo de los cuentos y relatos: la literatura.

A veces, he tenido mucha dificultad para captar la atención y “ser escuchada”, que no me refiero a compartida. De hecho, les he tenido que explicar que a todos nos gusta leer y escribir con un truco muy sencillo y actual que sí hace que deseen saber qué es lo que les tienes que decir: los whatsapp. Ahí, el mundo literario vive y se muestra latente. A ellos, a vosotros, a mí… A todos nos gusta recibir mensajes o escribirlos, nos gusta enviarlos así como mandábamos los antiguos papelitos que nos pasábamos en clase. Ahí es cuando los pillas con la guardia baja y puedes aprovechar para hablar sobre la importancia de la ortografía ya que, en el mundo de las redes sociales y nuevas tecnologías, las confusiones están a la orden del día al ser provocadas por falta de colocar correctamente una coma o por no entender “al que lo ha escrito”. La literatura vive presente entre nosotros porque hasta en los programas de televisión que tanto ven sus padres, tíos o abuelos, hay un guión incluso cuando la gente piensa que no lo hay. Este se escribe, corrige, rectifica y amplía o recorta cada día a gusto del consumidor. De ahí, una pequeña observación y mi pregunta en dos partes…

Está claro que no está bien obligar a nadie a leer, ni a nada que uno no quiera. No es bueno forzar a otro ser (ya sea humano o animal), pero… ¿y si compartimos esa lectura en vez de compartir esa mirada a una “caja tonta” que nos muestra solo un programa donde se paga por insultar y malmeter? ¿Qué tal si, al menos, lo intentamos un poquito?

Me gustaría también arrojar una lanza a favor de aquellos profesores y padres que muestran el camino de la literatura de una forma tan mágica, que los propios niños son los que van contando los libros que leen durante el curso escolar simple y llanamente porque les parece algo emocionante. Cuando en una clase quieres llorar de pena e impotencia por el trato recibido, en estas últimas de júbilo y emoción. Pienso que saber historias, vivir siendo niño, reír con los cuentos y disfrutar con la inocencia es lo mejor. Esa inocencia que poco a poco, por la tragedia de la sociedad y por desgracia, en muchos lados se está perdiendo de manera obligada.

Propongo en este artículo pensar en una historia que nos haya marcado y regalar ese libro a nuestros jóvenes con la ilusión de disfrutar juntos aquello que marcó una etapa de nuestra vida. Que no haya nadie que llegue a la conclusión diaria de: ¿Leer, o no leer…? Mejor, pon el Sálvame.

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Engaño, de María del Pino.

“En tu mirada, mujer, he descubierto la dureza de mi engaño. He adivinado el futuro. Un futuro desierto y ermitaño. Un futuro vacío sin tu presencia, sin tus más dulces caricias… Me he visto sin tus labios. mary-martinez-modelo-maria-del-pino-fotografia-y-fraseLabios que ardían cuando me besaban, que mi cielo mágicamente con toques de luz ilustraban para, ahora, saber que todo está roto, herido, solo…
En tu mirada, mujer, he podido ver más allá de las estrellas, pues, estrellado por las fuerzas que en una fugaz aventura me flaquearon, sumido trágicamente por la oscuridad me hallo .
No quise ser débil. Lo juro. Sin embargo, lo fui. La vanidad, ¡mi hombría! y mi infiel falta de desatino me hicieron directo caer en las armas de seducción de otra de mujer.
En tu mirada, mujer, mi soledad por siempre he logrado ver” (“Engaño”, de María del Pino)
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Fotografía: María del Pino.
Modelo: Mary Martínez.

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Fragmentos: “Shh y desaparece”.

“Y yo que solo te pedí un poco de amor, me regalaste un océano de calvarios, tempestades y tormentos con tu cariño. Y yo que te pedí un poco de paz y sosiego en tus brazos, me regalaste los más bélicos momentos de mi vida, donde la sangre más irritada de mis venas atacaba a mi pobre corazón con más y más saña… Y yo que te pedí que cuidaras la vida, mi vida, que en tus manos ponía… ni decir quiero el lugar donde tirada como un despojo pisoteado tenías. Por eso, ahora solo te pido una última cosa para que dejes de montar toda esta algarabía. Te pido que me olvides y no me llames, que no me mires, que no me hables para así regalarme el más hermoso silencio provocado por tu ausencia, por la falta de tu negra presencia… Solo Shh y desaparece…”
Shh y desaparece”. Amor y palabras. En este caso… de desamor. M. del Pino.
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