El ladrón de almas. VENGANZA (Capítulo 6)

Capítulo VI
-Febrero 2015-

Después de tanto tiempo, de tanto entrenamiento, por fin ha llegado la hora. Llevo mucho, mucho, mucho, esperando este momento. Tengo veinticinco años y mi salud está al cien por cien. Me peso en la báscula. 61’200 kilos. Me deslío la toalla. Ahora sí. Estoy en forma.
Ha pasado año y pico desde aquel fatídico día, encontrándonos así en febrero. No hay noche que no haya soñado, o sueñe aún, con esos malditos. Incluso, a veces, me parece ver a uno de ellos cuando despierto o camino por las calles. Es como si me persiguiese. Ese es como una nociva lapa imposible de borrar. Parece tan real, que creo que observa cada movimiento que hago o dejo de hacer.
He venido del gimnasio hace no más de una hora y me encuentro con ganas de ir otra vez. El deporte ahora corre por mis venas. A la vez que me despeja la mente, me hace estar más cerca de Javi, de mi ansiada venganza. Sé que para enfrentarme a esos tipos debo ser fuerte.
Me visto y agarro las maletas. Ya es hora de que vuelva a casa. A mi hogar. Hoy será un día duro, pero eso me hará más resistente. Me reafirmará a mí misma mis propias creencias.
Una vez que mi padre me ha dejado en el portal, se ofrece a acompañarme hasta arriba. Niego mientras saca mis maletas. Le doy un beso y justifico el querer ir sola alegando que he de enfrentarme a ello a mi manera.
Una vez en el portal, el hombre de la bodeguilla que hay debajo de donde vivo viene a saludarme muy contento. Animado, se interesa en saber si me fui de vacaciones o me mudé. Le contesto que no, que he estado recuperándome de un accidente. Sorprendido, expone que se alegra de verme bien, que vengo incluso más guapa. Sobrentiendo que no vio las noticias en su momento, ya que parece que mi caso cayó en el olvido…
Cuando inocentemente y con toda su buena fe pregunta por cómo le va a Javi, mi padre nos mira, precavido.
–Chema… Mi novio, por desgracia, hace año y algo que no se encuentra entre nosotros. Prefiero no hablar de ello, por favor… –trago saliva. Es la primera vez que se lo digo en voz alta a alguien.
–Lo siento… No lo sabía. Ha debido de ser duro –al hombre le cambia el gesto. Entiendo que tenga preguntas, pero no puedo responderlas. No me apetece.
–Demasiado…
Subo las maletas hasta la cuarta planta. Una vez allí, saco las llaves. Trato de abrir la puerta, pero las manos comienzan a convulsionar sin permiso. Una lágrima intenta salir, pero la retengo con estoicismo. Llevo sin derramar una sola gota desde aquella noche que juré no hacerlo y así seguiré hasta que cumpla mi cometido.
Me calmo, respiro hondo y al fin la abro. Nada más hacerlo, un extremo hedor impacta sobre mí. Se me retuercen las entrañas y me ahogo en silencio. Incluso siento ganas de vomitar. Lo peor de todo, no es que emane un fuerte olor a cerrado. No. Ni siquiera podría llamarse en realidad “hedor” porque huele de maravilla. Increíble. Su colonia perdura entre estas cuatro paredes como si se la hubiese echado hace pocas horas atrás, mareándome, devolviéndome recuerdos que he querido clausurar en mi corazón. Corazón ahora armado con una coraza.
Vacilo a la hora de entrar, pero finalmente lo hago. He de hacerlo. Avanzo sin mirar nada hasta la persiana del salón. La subo por completo y abro las ventanas para que entre aire. El polvo de las cortinas me ataca. Toso como una alérgica.
Me giro y tambaleo. La imagen de Javi, frente a mí, se ve traslúcida debido a la capa de polvo que la cubre. Ando hacia la pared de enfrente y, con las manos, comienzo a limpiar su rostro.
–No dejaré que nada, ni nadie, ose ensuciarte nunca más… –trato de sonreírle.
Suspiro. Esta casa necesita una buena limpieza a fondo. Además, para poder seguir con mi plan, debo quitar las fotos de Javi. Solo consiguen debilitarme. También he de encontrar un lugar para el anillo.
Abro mi habitación y cierro los ojos. La sábana aún permanece revuelta después de nuestro último encuentro. A pesar de hacerme la dura exteriormente, por dentro muero recordándolo. Doy un paso y aplasto algo que cruje. Levanto el pie. Hay un pequeño portafotos con el cristal partido. Seguramente sea debido a mi peso. Lo agarro y compruebo que está más limpio que el resto de objetos. Además, falta la foto. Mi foto. Extrañada, me pregunto quién habrá entrado aquí. Quizás haya sido alguno de mis padres…

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Aviso legal: Tanto este capítulo como gran parte del contenido de este blog y el libro se encuentran protegidos por el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual.

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Autor: mariadelpinoblog

Escritora, ilustradora, ex-locutora de radio, guionista y actualmente directora en el mundo audiovisual con una película en montaje y varios cortometrajes a punto de salir del horno.

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